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Arquitectura Convento de San Fransisco de Asis, La Habana. Cuba

  • Oficios, e/ Amargura y Churruca, Havana City. Cuba
  • Destino: La Habana
  • Abierto: Daily
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Los frailes Franciscanos fueron los primeros que se establecieron en La Habana y en 1570 residían en una casa del rico e influyente vecino Juan de Rojas, quien les dejó en herencia para que se hiciera un Monasterio en La Habana para esa Orden.

Para edificar el Convento el vecindario recogió tres mil ducados en limosnas y le regalaron a la Congregación un solar al sur de la calle Muralla, en el barrio de Campeche, llamado así porque allí vivían unos mexicanos. Por quedar un poco retirado del centro de la Villa, parece que no le gustó a fray Francisco Jiménez, Prior de dicha Orden, quien en 1580 adquirió en 400 ducados un solar próximo al mar, lo que los vecinos consideraron un injustificable dispendio y mal uso de lo aportado con sus limosnas. El nuevo solar, donde todavía hoy se encuentra,comenzó a fabricarse en 1580 y de ella opina Weiss, que su construcción debió ser de tapia, rafas y tejas y ser lo suficientemente sólida para perdurar hasta fines del siglo XVII, en que fue destruida por los ciclones de 1680, 1692 y 1694, a consecuencia
de los cuales perdió la torre.


El contrato para la reconstrucción se firmó el 16 de abrilde 1701 con el maestro arquitecto Pedro Hernández de Santiago, ante el notario Juan de Uribe Ozetta y fue pactado por la suma de siete mil pesos, obligándose éste a construir la albañilería de la fachada y la torre, ambas de cantería y debiendo tener cinco varas de frontera por todas sus cuatro partes y el grueso necesario como le corresponde a la altura, que ha de ser de veinte varas.

Esta torre no sería la definitiva, pues era cuadrada y la actual es rectangular, sin embargo a principios de 1719 aparecieron indicios de ruina en su capilla mayor, debido a que la Iglesia se encontraba al borde del mar [N.A. Posteriormente esa zona fue ampliamente rellenada frente a la actual Lonja del Comercio] por lo que se decidió demoler el crucero de la bóveda.


Una vez comenzadas las obras, con el apoyo del devoto vecino Don Diego Salazar, se determinó construir toda la Iglesia, la que se terminó e inauguró con grandes festividades en noviembre de 1738. Su nave central era de diez metros de ancho con otras dos laterales, su torre de 42 metros de altura era sólo excedida por la torre Manacas- Iznaga en Trinidad que tiene 45 metros. La construcción consta de tres áreas, la iglesia con tres naves y dos claustros de tres niveles cada uno, más la capilla de la Orden Terciaria construida en 1758. La puerta principal de la iglesia, frente a la calle Oficios, es en forma de nicho cavado en piedra abocinada, y contaba con 22 altares y bancos de caoba. El claustro tenía 111 celdas para religiosos, un refectorio, una enfermería, y una biblioteca con 500 volúmenes, que la hacía la más importante de la ciudad.

Cuando en 1841 la Reina María Cristina de Borbón decide cerrar el culto, la iglesia se destinó para almacén, y las celdas de los religiosos se destinaron para alojamiento de funcionarios subalternos y para las viudas e hijos de empleados pobres. En 1856 radicó allí el Archivo General de la República y desde 1907 la Dirección de Correos y Telégrafos.

A partir de 1992 la Oficina del Historiador de la Ciudad se hizo cargo de la restauración de esta gran edificación, la Basílica abrió sus puertas en 1994 como Sala de Conciertos Especializada en Música Coral y de Cámara;el Claustro Norte se abrió en 1995 como Museo de obras importantes y en 1998 se terminó el Claustro Sur que se dedicó a exposiciones transitorias.

En 1999 se inauguró el Jardín en honor de la religiosa Madre Teresa de Calcuta y recientemente se trasladaron los restos del "Caballero de París" a la única cripta que aún permanecía abierta.

Mapa de Convento de San Fransisco de Asis

Convento de San Fransisco de Asis se encuentra ubicada en La Habana

La capital cubana es, sin dudas, el destino turístico por excelencia de la mayor de las Antillas. Y dentro de ésta su centro histórico "declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1982" resulta un punto de obligada referencia para cuanto visitante llega a esta urbe, durante siglos considerada la llave del Golfo de México.

Al lejano noviembre de 1519 se remonta la fundación, en su emplazamiento definitivo junto al canal de entrada de una bien protegida bahía, de la villa de San Cristóbal de La Habana, convertida con el tiempo en punto de encuentro de las flotas españolas que trasladaban a la metrópolis las riquezas extraídas de sus dominios en el llamado Nuevo Mundo, y eje fundamental en el comercio y las comunicaciones entre éste y el Viejo Continente.

Semejantes ventajas, derivadas esencialmente de su estratégica posición geográfica, incidieron también de manera directa sobre el ulterior desarrollo de la próspera villa, que comenzó a crecer al amparo de un sistema defensivo sin par en la América hispana y rodeada por una muralla cuya construcción (iniciada en la segunda mitad del siglo XVII y concluida más de 100 años después) se consideró desde su inicio ineficaz y costosa.

El Templete, un pequeño edificio neoclásico inaugurado en 1828, es el sitio donde cada 16 de noviembre los habaneros festejan la celebración de la primera misa y el primer cabildo de San Cristóbal de La Habana, y el punto a partir del cual se inician –por lo general– los recorridos turísticos por el núcleo original de la capital cubana.

A escasos pasos de allí se encuentran la Plaza de Armas, en torno a la cual se levantan el imponente Castillo de la Real Fuerza (1577) –donde hoy se exhibe la colección de cerámica artística más importante de la Isla y sobre cuya torre se erige La Giraldilla, una artística veleta símbolo de la ciudad– y los Palacios de los Capitanes Generales (Museo de la Ciudad) y del Segundo Cabo.

Otras tres plazas y sus edificaciones colindantes despiertan invariablemente el interés de sus visitantes: la Plaza de la Catedral, rodeada por opulentas mansiones; la recién restaurada Plaza Vieja, donde sobresale la casa de los Condes de San Juan de Jaruco; y la Plaza de San Franciso de Asís, aledaña a la iglesia y el convento de igual nombre, en uno de cuyos claustros se encuentra el Museo de Arte Sacro.

Mas caminar por las calles de la Habana Vieja, muchas de éstas aún adoquinadas, representa también la posibilidad de acercarse a más de una docena de museos y estudios-galerías de afamados artistas plásticos cubanos y latinoamericanos; visitar las casas de Benito Juárez, de Asia, Africa, Puerto Rico, de los Árabes (allí se encuentra la única sala para las plegarias musulmanas existente en Cuba) y de Simón Bolívar.

Resulta asimismo interesante visitar la maqueta de esta municipalidad; transitar por la Alameda de Paula, un hermoso paseo construido en la segunda mitad del siglo XVIII; o cruzar la bahía para llegar hasta los ultramarinos poblados de Casablanca, donde se erige el Cristo de La Habana, y Regla, donde se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Virgen de Regla, protectora de marinos y pescadores y patrona de la Bahía de La Habana.

El parque histórico-militar Morro-Cabaña lo conforman dos reductos de la magnitud del Castillo de los Tres Reyes del Morro (1630) y la fortaleza de San Carlos de la Cabaña (1774), catalogada en su momento como la obra cumbre del sistema defensivo abaluartado. Precisamente desde esta última fortificación se dispara cada noche, a las nueve en punto, un cañonazo de salva que en llamativa ceremonia rememora los tiempos cuando sendos fogonazos (en horas de la madrugada y al anochecer) constituían la señal convenida para abrir o cerrar las murallas de la ciudad y para colocar o retirar la enorme cadena flotante de madera y bronce que daba acceso al puerto de la villa.

Descubrir la llamada Habana extramuros, sin embargo, resulta tan apasionante como desandar las estrechas calles de la vieja ciudad. La Habana fue creciendo bajo el influjo de las más disímiles corrientes constructivas del orbe y en sus terrenos encontraron espacio el renacentismo, el mudéjar, el barroco y el barroco cubano, el neoclasicismo, el eclecticismo, el art nouveau, el art decó y el pragmatismo.

Así, al otro lado de la inútil muralla aparecieron sitios emblemáticos como el Paseo del Prado, el Gran Teatro de La Habana y el Capitolio, uno de los más espléndidos edificios de la capital y en cuyo interior se encuentra la Estatua de la República, la tercera más alta del mundo bajo techo y a cuyos pies se encontraba el diamante que marcaba el kilómetro cero de la Carretera Central.

Nacieron también el afamado malecón habanero, de unos 12 kilómetros de longitud y considerada la imagen más característica de la ciudad, que enlaza al centro tradicional con la populosa barriada de El Vedado, desde cuyo corazón, La Rampa –zona de magnífica urbanización y arquitectura– puede accederse fácilmente a otros sitios de interés turístico como la bicentenaria Universidad de La Habana, la Plaza de la Revolución y el Memorial José Martí (el más alto mirador de la ciudad, con 138,5 metros de altura sobre el nivel del mar), o la Necrópolis de Colón considerado entre los más importantes del planeta por sus múltiples valores artísticos.

Hacia ambos lados del centro de la urbe existen asimismo puntos de notable interés. En dirección oeste, la Quinta Avenida conduce a la barriada residencial de Miramar, que actúa como órbita del mundo empresarial y de negocios y donde es posible visitar una impresionante Maqueta de la Ciudad. El Palacio de Convenciones, el recinto ferial Pabexpo y el exclusivo Club Habana anteceden a la comunidad turística Marina Hemingway, un lugar apropiado para bucear, practicar la pesca de altura, participar en un seafari a las barreras coralinas, o navegar en un confortable yate acondicionado para la vida a bordo.

Hacia el este de la ciudad y después de atravesar el Túnel de la Bahía, se llega al poblado de pescadores de Cojímar –de peculiar belleza y colorido– que invita a rememorar la prolongada estancia en Cuba del Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, quien encontró precisamente allí muchos de los escenarios y personajes de sus obras.

Más de 15 kilómetros de franja costera, arenas finas y aguas azules y transparentes se extienden entre Bacuranao y Guanabo conformando un circuito náutico que los habaneros identifican sencillamente como las playas del este, y en el cual suelen destacar por sus atributos naturales a Santa María del Mar.

También rumbo al este de la capital, a sólo 15 kilómetros del centro, un pequeño pueblo fundado en 1733 a partir de la existencia de aguas minero-medicinales invita a conocer sus valores históricos, arquitectónicos, culturales y naturales: Santa María del Rosario.

Como toda gran ciudad, La Habana es el corazón de la intensa vida política, científica y cultural de la nación. Decenas de museos, salas de teatro y de conciertos, galerías de arte e instituciones culturales tienen su asiento en la ciudad y algunas como el Ballet Nacional de Cuba, la Casa de las Américas, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, o el Conjunto Folklórico Nacional gozan de enorme prestigio internacional.

Y, por supuesto, es también una urbe donde el buen comer y la diversión tienen un importante espacio en sitios tan conocidos como La Bodeguita del Medio, el Floridita, o el cabaret Tropicana, o en otros menos mencionados, pero que tienen ya un espacio reservado en la preferencia de los millares de turistas que cada año recorren la capital cubana. 

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